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Probamos la secuela de Disgaea.
Hace dos años y medio, un modesto RPG Táctico dejó anonadado al mundo del videojuego. Con unos gráficos propios de una consola de 32 bits y un surrealista sentido del humor alejado del tópico dramatismo del género, “Disgaea: Hour of Darkness” se encumbró como uno de los títulos con mejor recibimiento de crítica y público de los últimos tiempos. Dicho éxito propició que todos los títulos de Nippon Ichii para Playstation 2 viesen la luz en Occidente, aunque ninguno de ellos lograse igualar la calidad y carisma del pionero. Era obvio que sólo Disgaea podría pretender desbancar a Disgaea y ese parece ser el cometido de una continuación dispuesta a proseguir la búsqueda del RPG Táctico perfecto que emprendió su predecesor.
Para la ocasión, “Disgaea 2: Cursed Memories” no ha sido concebido como una secuela directa, decisión que difícilmente habría sido comprensible tras el final de su predecesor. Incluso la presencia de los antiguos protagonistas se limita a cameos anecdóticos, recayendo el protagonismo en el novato Adel. Este joven vivía en un pueblo donde hace 15 años un tirano llamado Xenon maldijo a sus habitantes, convirtiéndoles inmediatamente en demonios. Sólo el protagonista quedó a salvo de la maldición, sin explicación aparente. Motivo más que suficiente para que, una vez alcanzada la edad adulta, parta en busca de la solución con la que poner fin al maleficio que condenó a su familia, amigos y vecinos. En su odisea irán uniéndosele progresivamente nuevos compañeros, con los que conformar un ejército que le ayude en la consecución de su objetivo.
Un poco de memoria
Aún fresco en las memorias de los jugadores, resulta difícil señalar qué hizo a “Disgaea: Hour of Darkness” un título tan especial y que cosechase tamaño éxito. A fin de cuentas, no dejaba se ser una revisión más de un género tan poco propenso a los cambios como el del RPG Táctico, en el cual desde hacia años productos como “Final Fantasy Tactics” habían impuesto las reglas de juego. El primer Disgaea no se salía de los cánones del título de Square, pues volvía a consistir en disponer a las tropas del jugador frente a las del rival en una cuadrícula, impartiendo órdenes de ataque, magia u otras acciones hasta que el contendiente se quedase sin ningún miembro de su escuadra. Todo ello regido por el clásico sistema por turnos, que propiciaba largas contiendas. Exceptuando la ausencia del mapa, sustituida por un menú de episodios, y la base con la cual contaba el protagonista para planificar su estrategia, el juego seguía a pies juntillas todos los tópicos jugables del género. Pero lo que llamó la atención de los jugadores cansados del anquilosamiento del género, fue la profundidad de muchas de sus opciones, permitiendo que el juego alcanzase una duración casi ilimitada, además de otras novedades jugables que fueron recibidas con agrado por la comunidad de fans.
La introducción de combos conjuntos fue uno de los añadidos más interesantes, permitiendo planificar estrategias detalladas en las que el sacrificio de movimientos lograba que se pudiesen encadenar golpes que infligían un gran daño al enemigo. Pero más que este aspecto destacó una posibilidad jamás vista en el género, que no es otra que la mejora de las propiedades de los objetos mediante el combate. En una habitación del castillo de Laharl se daba la posibilidad de seleccionar un objeto para después comenzar una serie de fases generadas de forma aleatoria. Si lograba completarse el total de fases, dicho objeto alcanzaría el tope de sus propiedades. Una novedad que propició que jugadores de todo el mundo pasasen muchísimas horas frente a su televisor subiendo el nivel de su inventario por placer para poder avanzar por el juego con total comodidad.
El último soporte de la jugabilidad de “Disgaea: Hour of Darkness” era la asamblea, un parlamento conformado por diputados de todas las razas de demonios. En dicho lugar había que ganarse el favor de sus integrantes, obteniéndose como recompensa la posibilidad de crear nuevos tipos de soldados o desbloquear zonas inéditas. La dificultad radicaba en que dicho parlamento se basaba en las mismas reglas que uno real, debiendo someterse todas las peticiones del protagonista a votación. Esto suponía que en muchas ocasiones había que interceder de forma poco legal para inclinar los plebiscitos a nuestro favor, aunque fuese recurriendo a sobornos. A veces la corrupción no era suficiente, por lo que el jugador se veía obligado a entablar combates para lograr sus objetivos y ganarse el respeto de la asamblea.
Las Novedades
La propia asamblea ha sido uno de los aspectos más beneficiados por la decisión de Nippon Ichii de no limitarse a reciclar el Disgaea original. La principal novedad es la división de los sus integrantes en partidos, ya sea por criterios políticos o raciales. Esta interesante novedad permite que baste con convencer al líder de una formación para ganarse el apoyo de sus coetáneos. Pero los criterios étnicos suponen una contrariedad por la vinculación que tendrán los combates con las decisiones de la asamblea. A modo de ejemplo, una misión que suponga la eliminación de muchos miembros de una determinada raza y que se salde con éxito resultará contraproducente, porque a partir de se momento el partido que represente a dicha etnia dejará de brindarnos su apoyo. Esta circunstancia puede usarse también a nuestro favor, pues dependiendo de que miembro del grupo del protagonista vaya a pedir ayuda, puede ganarse al apoyo de su gremio o raza.
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