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Como puede comprobarse, "Dawn of Mana" dista mucho de las esencias del génesis de la saga en 8 y 16 bits, que a pesar de seguir los cánones del Action RPG al dedillo, no por ello lo hacían en detrimento del factor aventura, distando muy poco su desarrollo de la épica que caracterizaba a las producciones por turnos. Aún así, el juego no ve menoscabada su capacidad de divertir, pero es necesario que aquellos duchos en la experiencia que supone una saga como Seiken Densetsu descarten que ésta entrega emule aquellas bondades que justificaron su éxito internacional. "Dawn of Mana" busca unas nuevas raíces, propias, que no le obliguen a vivir bajo la sombra de sus hermanos mayores, constituyendo la, probablemente, última apuesta en pos de la modernidad de una saga cuyo encanto basado en la sencillez la colocan en una situación muy comprometida en un momento en el que la mayoría de producciones del género se caracterizan por su cinematográfica aparatosidad.
Apartado Técnico
Lo más notable tras un vistazo superficial del juego es la fidelidad con la que se ha retenido el espíritu colorista y despreocupado que imbuía a su predecesores. Con un colorido abrumador, la saga Seiken Densetsu viene caracterizándose en sus últimas entregas por una gama cromática dominada por los tonos pasteles, en clara consonancia con el mundo de fantasía que se pretende evocar, siempre deudor de la imaginería propia de las fábulas infantiles. Por fortuna, lo que en otros títulos se convierte en excusa con la que justificar el menosprecio a los detalles técnicos, en ésta ocasión no ha sido menoscabo para brindarnos uno de los apartados técnicos más brillantes desarrollados sobre el hardware de Sony.
Lo primero que destaca es el modelado de personajes, a medio camino entre la estética super deformed y una de corte más realista, que a más de uno logrará extraer reminiscencias de los diseños de "Final Fantasy IX". Por lo general éste tipo de estética supone dejadez en el modelado o la texturización de los personajes, pero en ésta ocasión el mimo depositado por Square Enix es digno de encomio y nos hace rememorar los tiempos en los que cuidaba de forma admirable incluso sus producciones más modestas. Seguramente apartado en el que se han depositado mayores esfuerzos son las animaciones faciales, realmente innovadoras en un diseño de producción de estas características, resultando asombroso toparse por primera vez con unos personajes de estética a medio camino entre lo infantil y lo adulto con unas animaciones faciales capaces de recrear prácticamente cualquier emoción humana. Es imposible asistir impávido a cómo los protagonistas oscilan de la felicidad a la tristeza, pasando por la carcajada con un realismo desopilante. El resto de apartados de su físico no ha sido descuidado, contando con un pulcro detalle de formas cuidadas en el que no se delata su origen poligonal, coronándose las soberbias texturas como máximas responsables de un acabado que logra recrear con gran verosimilitud la riqueza de vestimentas y complementos, además de minuciosos detalles que atañen a la filosofía de los protagonistas.
Los escenarios siguen ésta senda continuista de sus predecesores, logrando plasmar en tres dimensiones un mundo que hasta ahora había resultado más fácil de recrear mediante bitmaps debido a su clara intencionalidad de plasmar la magia de las ilustraciones de los cuentos. En éste caso el experimento se ha saldado con un éxito abrumador, logrando plasmar mediante polígonos un mundo que parece sacado directamente de las páginas de cualquier fábula, rico en matices y colorido. Vegetación, edificaciones, maleza y vida deambulando de un lugar a otro, además de los diferentes terrenos, se encuentran a medio camino entre el realismo y la visión ensoñada. Combinado con unos juegos de luces en los que el color se combina de forma extravagante, el acabado del producto final es un exponente más de cuánto puede dar de si un hardware bien exprimido. Sólo cabe reprochar que, merced a la propia temática del juego, los entornos no se caractericen por su variedad, algo que no era tan notorio en las entregas bidimensionales.
La banda sonora sigue al pie de la letra los parámetros de la saga, una de las más prolíficas en cuanto a obras maestras. Con un predominio de las composiciones melancólicas, también tiene en su seno cabida para temas alegres e incluso aquellos que inciten a la acción, aunque la nota predominante sea la calma, acorde con la paz que transmite su entorno gráfico.
Conclusión
¿Qué destino le depara a "Dawn of Mana" en nuestro país? La trayectoria hasta ahora ha sido discontinua, aunque resultaría chocante que una de las cumbres gráficas de la consola, amparada por una de las principales compañías del sector no viese la luz en nuestros establecimientos. A la vez que surgen estos interrogantes, otros afloran haciendo reflexionar sobre si tienen cabida hoy día propuestas regidas por unos principios de sencillez que casan muy poco con el devenir actual del género.
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