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Olvida las maquetas y dale rienda suelta a tu creatividad con algo mucho más real.
“Take the A Train”, además de un famoso tema de jazz, fue el primer juego que la modesta compañía Artdink lanzó en 1986. Los japoneses sienten auténtica pasión por los trenes, así que el juego triunfó, y desde entonces no han dejado de aparecer secuelas (alguna incluso se ha llevado premios, por supuesto dentro de Japón). Esto nos lleva a finales de 2006, cuando Artdink lanzó en Japón el juego que nos ocupa. El por qué se publica en Europa tanto tiempo después es un misterio. Pero que el título no os lleve a error. A pesar de que los trenes son el eje central del juego, éste es un simulador que va mucho más allá, permitiéndonos construir ciudades enteras con sus casitas, hoteles, estadios etc. Con esa descripción parece inevitable acordarse de “Sim City”, aunque en la práctica hay unas cuantas diferencias. Por ejemplo…
Jugabilidad
El planteamiento es muy sencillo: hacer dinero a base de construir. Para ello necesitaremos crear una red ferroviaria eficiente, no sólo para transportar pasajeros sino también los materiales necesarios para construir otras cosas.
Hay que decir que la oferta de trenes, edificios, parques, monumentos etc. es considerable, lo que garantiza dos cosas: que una partida puede durar horas y que es casi imposible hacer dos iguales. Sin embargo, lo empaña el hecho de que el juego es muy complejo y no hace el menor esfuerzo por ayudarte. Nos explicamos. Una vez has elegido la localidad donde empezar (cuyas características determinarán el nivel de dificultad) te encuentras en mitad del escenario con tantos menús que casi no ves otra cosa… ¡y sin un triste tutorial!.
Gracias a estos menús tienes un abanico enorme de posibilidades, desde pedir un préstamo o invertir en bolsa hasta modificar el horario de los trenes. Pero tendrás que aprender a base de tocarlo todo, y entendiendo a medias un manual que, tras 40 páginas, explica poco más de lo que aparece en pantalla. Es además demasiado exigente en el realismo de ciertos aspectos (obligado entender cosas como “5% de activos sin contar el líquido”), para luego soltarte el mazazo de que aunque los trenes están basados en máquinas reales, “las especificaciones difieren”.
Pero hay más limitaciones, la más sangrante es el hecho de que sólo puedes tener 24 mapas, a razón de los 8 que vienen con el juego, otros tantos que puedes descargar (de momento sólo hay 3, y ni un tren a pesar de lo que pone en el manual) y 8 más que deberás crear tú mismo. Esto último es el aspecto más positivo del juego: la creación de mapas. Con tiempo suficiente puedes crear auténticas virguerías, cambiando el terreno a tu voluntad entre otras opciones que no están disponibles en el modo principal, y con el aliciente de no sufrir restricciones económicas.
Una vez concluido el escenario podremos presumir de ello (sobretodo si esperas los 8 meses que cuesta abrir una línea de alta velocidad) compartiéndolo con la comunidad Live. Y esto es en resumidas cuentas lo que da de sí “A-Train HX”.
Gráficos
Siempre hemos defendido que no hay que juzgar un libro (o en este caso un juego) por las tapas, pero este caso es la excepción que confirma la regla. Las texturas son tan básicas que a veces parece que estemos jugando a la versión de PSP. El terreno resulta tosco y excesivamente poligonal. El agua no es más que una mancha azul, y a pesar de que han recurrido a la socorrida niebla hay popping. Además, la ciudad está muerta, por lo que da más sensación de estar construyendo una maqueta que una ciudad, y para colmo todo desluce mucho si no juegas en una pantalla panorámica (siendo la única opción posible, y obligando a mostrar unas enormes bandas negras en televisores 4:3).
No hay por tanto nada mínimamente novedoso o destacable, salvo quizá ver pasar el ciclo noche-día y las estaciones. Por supuesto, hablamos de un género en el que los gráficos no tienen por qué ser lo más importante, pero la propia promoción del juego hace tanto hincapié en este aspecto que nos hemos visto obligados a desmentirlo.
Música & Sonido
Es realmente difícil analizar un apartado que prácticamente no existe, pero haremos lo que podamos. En la pantalla de título suena una melodía muy animada. De hecho, la primera palabra que te viene a la mente al escucharla es “fanfarria”. Las pocas melodías, que instrumentalmente son bastante pobres, suenan a raíz de una al mes. Por culpa de eso y aún haciendo pasar el tiempo a la mayor velocidad posible, pasas más tiempo en absoluto silencio que con música. Por supuesto existe la posibilidad de reproducir nuestros propios temas desde el disco duro, pero eso no es excusa para ahorrarse la banda sonora del mismo modo que poder descargar parches no justifica sacar un juego sin terminar. El caso de los efectos es similar, yendo poco más allá de los trenes (que dicho sea de paso tampoco suenan muy creíbles) y los típicos “bips” que confirman una selección.
Conclusión
Siempre es de agradecer que una compañía se arriesgue trayendo juegos japoneses y no demasiado comerciales (ahí están fantásticas rarezas como “Katamari Damacy”), sin embargo hay que afinar el criterio. En estos casos es habitual recomendarlo a los aficionados al género, como recurso fácil para no decir que el juego no cumple. Debemos hacer una excepción, ya que ellos serán los que se lleven la mayor decepción al tener con qué compararlo. Lo único que tiene de nueva generación es el precio, así que sólo se nos ocurre recomendárselo a aquellos aficionados a las maquetas que se hayan quedado sin espacio en casa. El resto tiene alternativas mucho mejores.
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