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El juego de Capcom ahora en PS3.
¿Qué es lo que hace tan especial a Lost Planet, ya sea en Xbox 360 o Playstation 3? Dejando de lado el ser una creación de una compañía de tanto lustre como Capcom o ser uno de los primeros títulos que han sabido sacar provecho de las características técnicas de las nuevas máquinas, analizado fríamente es un juego que no aporta nada al mundo del videojuego, por lo menos desde un punto de vista jugable. En una situación en la que arrecian las críticas por parte de ciertos sectores de prensa y aficionados contra la perpetuación de sistemas jugables con simples mejoras gráficas, resulta llamativa cómo una vasta mayoría de jugadores parecen inclinarse por títulos que exudan clasicismo y que no sólo no suponen un paso adelante en lo que a jugabilidad se refiere, sino que además no se avergüenzan de ello. Desde Capcom han sabido imprimirle personalidad propia, fácilmente identificable, pero sin renunciar a una fórmula que se salda como la mejor forma de obtener diversión directa sin recurrir a experimentos extravagantes ni pretender disfrazar de innovación verdaderos retrocesos jugables por mucho periférico que haya de por medio. Lost Planet es uno de esos casos, recuperando las esencias arcade que tantos adeptos supieron ganarse durante la gloriosa época de los 16 bits y que durante ésta generación tan bien han sabido adaptarse, incorporando las novedades jugables y técnicas acumuladas durante la última década sin que vaya en detrimento de una sencillez que a fin de cuentas es la responsable de la diversión directa que proporciona.
“Lost Planet: Extreme Condition” nos traslada a DNE III, un planeta gélido, aparentemente carente de población autóctona, que se convierte en el destino elegido por la humanidad para asentarse y dejar atrás las miserias que asolan a su planeta natal. Por desgracia, lo que parecía ser una epopeya en la que el gran obstáculo eran las inclemencias del clima, se convierte en una pesadilla al comprobar cómo el planeta está poblado por los Krydd, una raza de extraterrestres similares a los insectos que no están dispuestos a ceder su puestos como regentes del lugar. Se desata entonces una guerra que se salda con la marcha de la mayoría de los colonos, quedando los restantes abocados a luchas fraticidas y combates contra los autóctonos. Nuestro protagonista es Wyan, un joven que pierde a su padre y su memoria tras un encuentro con los Krydd y que de repente se verá inmerso en una encrucijada en la que deberá probar sus lealtades.
Jugabilidad
El planteamiento de Lost Plante remite a la sencillez antes mencionada. Nuestro cometido se limita a exterminar todo enemigo que se interponga en nuestro camino, ya sean los gigantescos insectos que moran en el planeta o los humanos que pelean desesperadamente por proclamarse gobernantes del gélido mundo ene el que transcurre la aventura. Una vez sabido qué tenemos que hacer, la magia del título reside en el cómo debemos llevarlo a cabo. Aun sin salir del esquema clásico de shooter en tercera persona, “Lost Planet: Extreme Condition” destaca por la cantidad de situaciones que se nos pueden plantear en el combate, obligándonos a reelaborar estrategias constantemente en función de los enemigos. Ya sea por su enorme tamaño o por su abrumador número, deberemos ser rápidos de mente y reflejos para poder afrontar con garantías nuestra empresa. Por no hablar de los numerosos momentos mecanizados que aportan la inevitable variedad a la aventura y que poco tienen que envidiar a títulos basados en combates de robots. Para añadir más alicientes al combate, deberemos prestar atención también a nuestra salud, velando por mantener en nivel óptimo la energía del traje que nos mantiene con vida. Para satisfacer ésta necesidad, deberemos recolectar las esferas de energía que encontraremos a nuestro paso, mayoritariamente las que dejen los enemigos caídos, obligándonos a mantener un ritmo de muertes óptimo.
La exploración de cada una de las zonas es de una sencillez apabullante, pues en ellas predomina una linealidad que se quiebra en contadas ocasiones por momentos que hacen uso del gancho que porta nuestro protagonista. Breves escarceos con la verticalidad que sin embargo también están estructurados de forma lineal, siguiendo rutas y objetivos perfectamente previsibles. Esto no debe ser óbice para reconocer que esta linealidad es compensada con un desarrollo variado dentro de lo que los límites de la acción más directa pueden ofrecernos.
Probablemente los momentos que más innovaciones introducen y que son el cenit de la acción de este título son los enfrentamientos con los jefes finales, auténticas estrellas de la función. Resultan encomiables los distintos patrones de ataque y defensa de los que hacen gala estos mastodontes alienígenas, obligando al usuario a jugar constantemente con el ensayo y error, aprendiendo pautas de conducta que le obligarán a invertir un tiempo necesario para salir con vida del combate. Ésta dificultad ha sido implementada con gran acierto, pues si bien la primera toma de contacto con un jefe tiene todos los visos de saldarse con fracaso, la repetición de los enfrentamientos se salda con el aprendizaje de las pautas de ataque haciendo que el jugador acabe moviéndose con pasmosa inercia. Algo sólo posible gracias a la heterogeneidad de estos monstruos y, sobre todo, a la excelente curva de dificultad que siempre evita que un exceso de confianza juegue en nuestra contra.
Por fortuna, contaremos a nuestra disposición con un arsenal apabullante, encontrando en éste amplio catálogo armas capaces de resolver con solvencia cualquier situación arriesgada. También encontraremos repartidos por el escenario numerosos robots que podremos pilotar siempre que sepamos adecuarnos a las especiales características de cada uno de ellos, destacando aquellos que nos permiten volar y cuyo control y combates nos remiten inevitablemente a la saga ZOE, de la que parecen haber sacado provecho.
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