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Solos en la oscuridad... otra vez.
Alone in the Dark siempre ha sido una de esas series que no deja indiferente a nadie. Amado por muchos y odiado por otros tantos, ninguno podrá arrebatarle nunca su gran galardón: ser el primer survival horror de la historia de los videojuegos. Y la verdad es que con una primera parte tan magnifica como la que pudimos vivir en el año 1992, no le faltan razones. Si bien es cierto que el resto de capítulos de la saga nos han ido ofreciendo una de cal y otra de arena, ésta nueva aventura que tenemos presente pretende encauzar de nuevo el camino de Edward Carby, devolverle a su trono más preciado. Luciendo espectacular en los primeros videos promocionales y con un secretismo notable en su etapa de concepción, poco o nada sabíamos del nuevo juego de Eden Games. Por fin, tras unos cuantos años de desarrollo, nos llega su nueva aventura, y la verdad es que no podíamos estar más impacientes.
Jugabilidad
Edward Carnby ha vuelto, y no podemos negar que su regreso se antoja, como poco, intrigante. Mezclando la acción en tercera persona con tintes aventureros a más no poder, el guión, que parece sacado de una película de terror, nos trasporta al conocido Central Park. Completamente amnésicos despertaremos en un edificio de la manzana, que poco tardará en saltar por los aires. Desde un primer momento, el juego presentará mucha variedad de situaciones, y aunque en su día prometió una libertad de acción significativa, cualquier acontecimiento del guión nos limita a seguir las pautas marcadas por el guión programado. Podemos campar a nuestras anchas por donde nos venga en gana, pero a fin de cuentas, el título es lineal se mire por donde se mire. Da igual que nos pateemos todo el parque o todo un edificio, ya que a la postre deberemos completar el puzzle de turno para salir de una situación embarazosa (el resto es simple y puro relleno). El desarrollo del juego nos llega en forma de capítulos, pequeños fragmentos que al mismo tiempo se descomponen en otros tantos actos.
Los actos son bastante variados, pero comparten una cosa en común: el fuego. Y es que todo el desarrollo del juego viene marcado por éste fenómeno de la naturaleza. Algunas misiones se completan quemando habitáculos o monstruos, mientras que apagar llamas cual bombero se tratase será una función vital que deberemos emplear desde la primera toma de contacto. Del mismo modo, los vehículos y las secuencias de conducción también serán abundantes en el desarrollo de la aventura. Aunque podremos montarnos en cualquier vehículo del escenario, tan sólo será posible conducir los que estén “de una pieza”. El resto podrán ser examinados detenidamente, pudiendo recoger de su guantera cualquier objeto que nos sirva de ayuda para completar los desafíos. Los puzzles, por su parte, aunque bastante fáciles en la mayoría de ocasiones, se presentan algo ilógicos en algunas zonas puntuales, restando pequeños puntos a la nota del apartado jugable.
En lo que respecta al control del personaje, podemos afirmar que no es nada preciso, resultando incómodo en la mayoría de ocasiones (hemos visto mejores cosas empleando el Wiimote & Nunchuck). Cuando ponemos la cámara en primera persona, el movimiento no acaba de resultar fluido y se queda bastante alejado de lo visto en los productos del género. En el resto de situaciones (tercera persona), todo parece bastante predefinido. Si tenemos que pulsar el botón A en un momento determinado para recoger un objeto, da lo mismo si estamos lejos o cerca del elemento en cuestión, siempre lo recogeremos con la consecuente aparición fantasma del personaje. Los saltos por cornisas y las bajadas por lianas o cables tampoco son de lo mejor que hemos visto, debiendo realizar saltos de fe gracias a la pésima gestión de la cámara principal. Con el gatillo del Wiimote dispararemos a nuestros enemigos y la verdad es que nunca tendremos la sensación de estar disparando realmente (en ocasiones deberemos fijarnos mucho para saber si le hemos dado a un oponente). A la hora de recoger armas arrojadizas como papeleras, maderas o hachas, tampoco obtenemos una sensación precisa del control (los emplearemos tanto para abrir puertas como para matar enemigos o romper candados). En cualquier caso, deberemos mover el Wiimote en la dirección deseada, y la verdad es que echamos en falta mucha fluidez y precisión. Abrir el inventario tampoco será muy fácil, debiendo usar ambos mandos como si estuviésemos abriendo una chaqueta para entrar en él. No vamos a negar lo complicado que resulta cuando tienes a varios enemigos acechándote y por mucho que lo intentes nunca das con la combinación que abra correctamente tu repertorio de objetos. Por último, comentar un guiño gracioso, que consiste en pulsar el botón hacia abajo de la cruceta para poder pestañear cuando nuestros ojos están borrosos.
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