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Usa la luz para guiar una bola a través de intrincados laberintos.
Siempre es interesante cuando un proyecto de una compañía modesta acaba siendo mejor que otros grandes y publicitadísimos títulos. Así ha ocurrido con “Fading Shadows”, un recomendable puzzle que ya lleva varios meses en las tiendas españolas y que ha sido desarrollado por Ivolgamus, pequeño estudio con sede en Lituania.
Lo primero que nos llamará la atención es la secuencia introductoria, presentando un argumento bastante más elaborado que en la mayoría de juegos de puzzles. La historia irá narrándose mediante ilustraciones tipo cómic a medida que superemos niveles. El punto de partida es el secuestro de Erwyn por parte del Maestro Gardal, quien según una antigua profecía necesita sacrificar al niño para acceder al Castillo del Cielo y así conquistar el mundo (¿qué otra cosa puede desear un villano?). Aira quiere salvar a su hermano Erwyn, y para hacerlo tendrá que devolverle el alma, que ha protegido dentro de una lágrima con forma de bola, a la que deberemos guiar mediante un rayo de luz.
El juego sería igual de interesante sin argumento alguno, pero es meritorio el esfuerzo de los creadores en esbozar una historia que nos motive a seguir jugando y que, además, justifique la propia mecánica de los puzzles a los que nos enfrentaremos.
Jugabilidad
Como hemos dicho, la base de “Fading Shadows” será guiar a través de 40 niveles la bola donde está el alma de Erwyn, y lo haremos con un rayo de luz que la atraerá a modo de imán. Un giro que aleja este título de otros juegos similares, como “Marble Mandes” (donde controlábamos a la propia bola) o, dentro del catálogo de PSP, “Mercury” (en el que controlábamos la inclinación del terreno).
Si movemos el haz de luz hasta un punto del escenario, la bola nos seguirá, siempre y cuando no nos alejemos demasiado y no haya obstáculos que le impidan avanzar. Si detenemos la luz, la bola se parará bajo ella. Podemos concentrar el rayo de luz en un solo punto, para aumentar su potencia y conseguir que atraiga más rápido a la bola, por el contrario, dispersar la luz para que la bola se mueva despacio (algo imprescindible para maniobras delicadas).
El orbe, además, tiene 3 estados distintos, cada uno con ciertas características únicas. El estado por defecto es el metálico, gracias al cuál puede saltar pero, en cambio, se oxida rápidamente al entrar en contacto con agua y acaba destruyéndose. En estado de madera, la bola flotará en el agua y, como punto negativo, se quemará progresivamente bajo el efecto del rayo de luz (convendrá, pues, dispersarlo para que no concentre toda su fuerza en la madera). Para alternar entre metal y madera, encontraremos a lo largo de los niveles unas baldosas que transformarán la bola al entrar en contacto. Por último, existe el estado de cristal, al que podemos acceder en cualquier momento apretando el botón triángulo. Al ser de cristal, la bola no flota en el agua, pero tampoco se oxida ni se quema, si bien es muy frágil y se romperá al chocar con las paredes, o al concentrar mucho rato la luz sobre ella.
Con estos pocos y sencillos elementos, los chicos de Ivolgamus han conseguido un original juego de puzzles, gracias a un inteligente y muy variado diseño de niveles. La curva de dificultad está muy bien ajustada, y así, después de 6 sencillas fases a modo de tutorial, los niveles irán complicándose poco a poco, a medida que vayamos aprendiendo y acostumbrándonos a nuevas estrategias. La mayor parte del tiempo nos la pasaremos recorriendo intrincados laberintos, llenos de estanques, pasillos, pasarelas, saltos al vacío, puentes, rampas, escaleras... De todo y más para ponernos las cosas difíciles a la hora de llegar hasta el final del nivel. No pueden faltar los interruptores que se activan al posar la bola sobre ellos (y que por lo general habrá que pisar en algún orden concreto, no siempre evidente ni fácil), así como otros tipos de mecanismos que sólo funcionan en contacto con el haz de luz: espejos, baldosas que se activan al iluminarlas, maderas y cuerdas que se queman con la luz, o incluso zonas de agua que se evaporarán si enfocamos la luz sobre ellas. Una combinación de obstáculos que pondrán a prueba nuestra habilidad, y también nuestra inteligencia, y dónde lo importante no será dónde llegar, sino cómo hacerlo.
La variedad a lo largo de los 40 niveles está servida, y deberemos tener cuidado de no perder muchas bolas, ya que su número es limitado, aunque por suerte podemos guardar entre fase y fase y, además, acumularemos vidas extra al recoger los cristales que hay esparcidos por los escenarios. A modo de extra, diez de los niveles se pueden jugar en modo multijugador para dos jugadores (a modo de contrarreloj). Y, si recogemos las piezas escondidas en ciertos rincones de las fases, podremos reconstruir tres ilustraciones. Por desgracia e incomprensiblemente, no se ha incluido la opción de volver a jugar a cada nivel de forma independiente. También cabe lamentar los tiempos de carga, bastante elevados.
Gráficos
Teniendo en cuenta que estamos ante el proyecto de una compañía pequeña, lo cierto es que el apartado visual de “Fading Shadows” es ciertamente bonito, tanto a nivel de diseños e ilustración (la propia portada del juego ya da fe de ello), como a la hora de recrear los niveles, con abundancia de escenarios (bosques, mazmorras, molinos, iglesias, ruinas, niveles de inspiración egipcia), y unos gráficos sólidos. Llaman la atención los efectos de luz, así como la física de la pelota, muy conseguida. Por desgracia, la cámara semi-automática no es todo lo buena que debería y, aunque podemos corregirla con giros de 90º, a veces nos complicará algún salto o situación delicada; se echa en falta un movimiento libre e, incluso, un zoom, ya que la perspectiva a veces es demasiado alejada. Más allá de eso, tendremos niveles amplios y muy detallados, más atractivos en su ambientación medieval que muchos juegos de rol.
Música & Sonido
El apartado sonoro es más discreto, con melodías correctas, bien ejecutadas pero siempre en un segundo plano, y efectos de sonido prácticamente inexistentes.
Conclusión
“Fading Shadows” es el primer juego de Ivolgamus y, el resultado, sin ser perfecto, sí es muy recomendable. A un buen diseño de niveles que combina puzzles y plataformas, inteligencia y habilidad, hay que sumarle un buen argumento, un apartado gráfico interesante y un precio de lanzamiento ajustado. Puede que pase desapercibido por no ser un lanzamiento estrella, pero calidad no le falta.
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